Marta es madre, profesional y una de esas mujeres que se entrega por completo a su familia. Por años, ignoró los pequeños dolores de cabeza al leer, el cansancio ocular tras largas horas frente a la computadora y las letras que parecían moverse en la página. Pensó que se debía al estrés, o la edad, o cualquier cosa, menos a su visión.
Fue su hija quien le insistió en buscar ayuda. Y así, Marta llegó a Óptica Vision Home. La recibió un espacio cálido, tranquilo, muy distinto a otras clínicas frías e impersonales. La atención fue cercana desde el primer momento. “Aquí me escucharon, no me apresuraron”, recuerda Marta.
Durante la evaluación, se identificó una presbicia no diagnosticada. Con una explicación clara y sin tecnicismos innecesarios, el especialista le mostró las opciones y le explicó cómo unos lentes adecuados mejorarían su calidad de vida. Dos días después, Marta recogía sus nuevos lentes. Al volver a leer su novela favorita sin molestias, no pudo evitar sonreír.
Hoy recomienda la óptica a colegas, amigas y vecinos. Porque para Marta, más que un par de lentes, lo que recibió fue alivio, comprensión y una nueva forma de ver.

